27abril Divorciada 1000 - El régimen de visitas

En mi caso estuve en el juzgado por tres cosas: el régimen de visitas, la pensión alimenticia y la firma del divorcio. El primero fue el de la patria potestad, que fue el más livianito, porque mi ex y yo íbamos con la misma idea: los niños se quedan en casa conmigo.

Llegó el día y nos hicieron pasar al salón de conciliación con una trabajadora social; allí nos explicaron que el primer objetivo era tratar de llegar a un acuerdo en el que ambas partes estén conformes y que la seguridad de los niños se mantenga. En principio no era necesario ir con abogados, pero si había conflictos se anulaba la reunión y se programaba otro juicio donde hubiéramos tenido que ir con asistencia legal y pruebas.

La trabajadora social empezó a leernos un librito con los derechos de los niños, leyes, normas, y yo cada vez me sentía peor. Pensaba: ¿Por qué las decisiones de los adultos deben afectar a nuestros niños? Aguanté las ganas terribles que tenía de llorar, en ese momento aún lidiaba con las preguntas de ¿dónde está papá? y ¿por qué se fue?

Nos preguntaron dónde deseábamos que vivieran los niños; ambos estábamos de acuerdo en que se quedaran con mamá. Le preguntaron el tiempo que le podía dedicar a los niños y contestó que solo cuatro horas los sábados, ya que en la semana trabajaba y los fines de semana estaba ocupado.

Ese fue el momento en que tuve que respirar muy, pero muy profundamente, y por más que traté de disimular, la trabajadora social se dio cuenta de que yo estaba inconforme. Le pidió a él que saliera unos minutos de la sala para conversar conmigo a solas. Me dijo: “Yo sé que te duele y te sorprende que un padre que vio nacer y crecer a sus hijos, de repente solo quiera dedicarle un par de horas, pero el amor no se obliga. Eso no le quita la responsabilidad de hacer tareas y estudiar con ellos también. Ya verás que al pasar el tiempo, él solito buscará la manera de estar más tiempo con los niños. Eso sí, cuando los vaya a buscar el sábado, mándale también la maleta de la escuela”.

Se decidió que el padre iba a llevarse a los niños fines de semanas intercalados, para que la madre tuviera “el derecho” de tener dos fines de semana al mes para ella. Las fiestas, vacaciones y feriados también serían intercalados por año. Por ejemplo, este año pasarán Navidad conmigo y Año Nuevo con su papá. Se determinó que el lugar más saludable para que los niños pasaran la noche con su padre fuera de casa era el hogar de sus abuelos paternos. Le recomendaron que les creara un espacio allá para que no sintieran que iban de visita, sino que también es su hogar. Desde entonces hemos estado así. Los niños esperan con ansias los días que se van con papá.

Aunque se haya establecido un régimen de visitas de cada 15 días, él sabe que puede llamar o visitar cuando desee, siempre y cuando haya respeto y no interfiera con otras actividades ya planificadas.

Si hay algo que he tenido muy claro desde un principio es que una cosa es mi relación con mi exesposo y otra muy distinta es la que él tiene con sus hijos. Para ellos él sigue siendo su superhéroe. Jamás le quitaría el derecho de vivir experiencias y momentos con los niños, porque no le estaría haciendo daño a él, sino a mis hijos. Aun después de tres años a veces me siento incómoda, y no niego que hemos tenido nuestras diferencias en cuanto a la manutención y responsabilidades, pero si papá llama o los desea ir a visitar, puede hacerlo. Él está enterado e invitado a todas las actividades escolares y sociales de los niños; es decisión de él dejar una huella positiva en la vida de ellos y valorar cada instante de su infancia.

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