23671fd75b0cfca4379a6fc248c9340f - Un cerebro inmaduro

Los adultos de hoy día tenemos la particularidad de tratar y esperar que los niños se comporten como pequeños adultos. Esto está mal. Tal irracional expectativa también aplica para los adolescentes, a quienes dedico esta nota, y a sus jóvenes e inmaduros cerebros.

La adolescencia es una etapa maravillosa. Muchos padres viven esta época con temor porque ven reflejada en ella su propia adolescencia y cómo la vivieron.  Es un momento de la vida para experimentar.  Casi todo adolescente siente, por no decir que está seguro, de que le va a ir muy bien en la vida y de que puede hacer las cosas mejor que el 99% de los adultos. Esto no es malo.

Pero debemos conocer el cerebro del adolescente para ayudarlo a llevar esta etapa y a salir de ella fortalecido y con algunos, si no todos, de sus sueños de adolescencia intactos.

No ha sido sino hasta hace poco que el cerebro adolescente se ha sometido al interés serio de la comunidad científica como algo diferente al cerebro del niño y del adulto. El cerebro en la adolescencia se reorganiza y madura a diferente ritmo. Está en desarrollo hasta pasados los 21 años de edad. 

Este desarrollo significa que el cerebro sufre cambios muy importantes en su estructura. Cambios liderados por lo biológico de su neurodesarrollo y por sus experiencias personales (y por supuesto ambientales, ya que el ambiente forja gran parte del carácter y la personalidad).


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Los adolescentes poseen ciertas características. Una de ellas es la capacidad de aprendizaje potenciada por las enormes redes neurales y sinapsis propias de su edad. Una maravilla y, sin embargo, con un sistema prefrontal inmaduro, tal desarrollo carece de un potencial para ponerse límites.  De allí, la importancia de la regulación parental en la adolescencia.

También se hace importante destacar que los cerebros masculinos tardan más en madurar que los femeninos, en aproximadamente dos años, aunque siempre hay sus variaciones individuales.

Un tema puntual que me gustaría tratar es el del sueño. Tómese un tiempo para reflexionar y pensar en el tema del sueño de su hijo adolescente.

Para que un adolescente funcione óptimamente, es vital que descanse. Lo que no se tomaba en cuenta hasta hace poco es que el cerebro de los jóvenes presenta un ritmo circadiano diferente.

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Por todos los cambios implícitos y propios de la etapa, el cerebro segrega melatonina al torrente sanguíneo, aproximadamente dos a tres horas después que los adultos. Todas las especies de jóvenes mamíferos lo hacen.

De esta forma, se estima que levantar a un adolescente para ir al colegio a las 5:00 a.m. equivale a levantar a un adulto a las 3:00 a.m. y pedirle que esté listo para aprender a las 4:00 a.m.

Pero eso no es todo, las horas de sueño que necesita un adolescente fluctúan entre 9 y 10. Si el adulto empieza a sentir sueño alrededor de las 10:00 a.m., el adolescente alrededor de las 12:00 o 1:00 de la mañana (aquí pondré la carita del monito tapándose los ojitos).

Entonces, ¿a qué hora deberá despertarse el adolescente que se acuesta a la medianoche? A las 9:00 de la mañana. Y a esa hora, le aseguro, todos ya deben estar en la escuela.

Cuando un joven descansa como debe ser tiene más energía y mejor carácter. Cansado es incapaz de escuchar, de concentrarse y se perjudica el  rendimiento escolar.


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El sueño saludable es importante en los años de la adolescencia. Una nota extra aquí es, los celulares y el chateo a altas horas de la noche o ver series o películas también hace que el sueño llegue más tarde. No entiendo por qué no se puede retirar todos estos aparatos desde las 10:00 p.m. para asegurar una mejor noche para sus hijos.

En este respecto debe recordar que los adolescentes tienden a ser más emocionales e impulsivos y que es su deber, sí, un deber de padre de adolescentes, ayudarles a autorregularse reflexionando acerca de lo que hacen. La corteza prefrontal es relativamente más lenta que la amígdala (la que nos hace actuar con impulsividad y que está más madura en la adolescencia).

Al lidiar con su adolescente entienda que su cerebro está aún en desarrollo. Más de un centenar de otros profesionales de la salud mental estarán de acuerdo conmigo: es importante darles responsabilidades. Solo esto les hará madurar de forma segura.

No se enfoque en ganar batallas, sino en ganar la guerra. Piénselo de esta manera y esté preparado para las contingencias que acarreará decirle “no” o prohibir algo terminantemente a sus hijos (¿y sabe que sí se puede?).

Es mi manera de pensar que mucho de lo que está pasando con la educación de los hijos hoy es que los padres no se sientan a planificar lo que desean hacer y educan reactiva y no proactivamente. Recuerde que usted es el adulto, el que se supone que sabe. Es cierto que no creo en el autoritarismo.

Es cierto que creo que hay que darles elección y ciertas libertades. Pero observe que dije ciertas. Hasta que el cerebro de su hijo se desarrolle, usted va a ser el cerebro auxiliar, el centrado y quien lleve la razón. Usted debe permitirle oportunidades de aprendizaje y ayudas en su capacidad creciente (esperemos) de autorregulación.