73f6a6396c487db89d8d12b76e1fa647 - ¿Por qué se debe esperar para la escolaridad?

Los seres humanos podemos ver el mundo desde nuestras teorías o desde las teorías de los demás. La verdad es que es cuestión de elección, de querer ver.  Empiezo así la nota porque me gustaría invitarle a pensar en que cada cosa que se lee debe ser pensada y repensada desde su punto de vista, desde su necesidad o desde su historia.

La vida no es una camisa que le queda a todos por igual. El mismo viaje no es vivido igual por todos los viajantes. Hay que pensar y analizar si esto que leo o me dicen está bien. No  porque todo el mundo lo diga, algo sea siempre correcto o verdadero. Es en este sentido en que le urjo empezar a construir un modo de pensar más reflexivo.

 

¿Al que madruga Dios lo ayuda?

Los padres de niños más chicos hoy en día han sido “educados” en el pensamiento de que más es mejor: más temprano y más en cantidad, porque si se hacen conexiones neurológicas más tempranas, seguro van a ser más inteligentes, segurísimo van a perder menos neuronas en la podas y segurisísimo tendrán un mejor futuro. Diré aquí lo que digo en mis talleres: tres neuronas bien conectadas funcionan mejor que medio millón  mal conectadas.

Es cierto que se trata de cableado, es decir, conexiones neurológicas, pero para que pueda haber cableado debe haber, al menos en el cerebro, un proceso de mielinización. Explicado de la forma más sencilla posible, la mielina es una recubierta del axón de la neurona que va a permitir que pase el impulso eléctrico que lleva la información de una neurona a la siguiente. Bueno, neurológicamente hablando, el circuito para leer se completa a los seis años; el de escribir, a los siete. Esto quiere decir que las neuronas involucradas en el proceso de lectura estarán óptimas y mielinizadas al llegar a los seis años, más o menos. Y no importa cuánta estimulación usted le dé a su hijo, el cerebro mielinizará cuando toque, ni un día más, ni un día menos.

Ustedes me dirán que los niños sí están teniendo algo de aprendizaje. Pero claro, por la ruta mnémica. Es decir, de memoria. Y aprendizaje, queridos papás, no es sinónimo de memoria. Que un niño pueda contar hasta cien en inglés y español o decir el alfabeto es solo una forma de saber algo. Lo cierto es que no hay aprendizaje auténtico hasta que no haya comprensión.

Aquí el talón de Aquiles.
No es hasta que una persona, quienquiera que sea, entienda lo que algo representa, es que lo podrá aprender (y para siempre). De lo contrario, sin sentido, no hay aprendizaje. Tome en cuenta además que, en esta era de tecnología, no hace falta memorizar nada, ya que todo está en línea, al alcance de los dedos.

De lo concreto a lo abstracto.
Nuestro pensamiento (por las etapas del desarrollo mielinizado del cerebro) va de un pensamiento concreto (lo que es negro es negro), de los 0 a los 10 años, a un pensamiento abstracto (entiendo que hay variedad de tonos), a partir de los 11. Concreto es que tres más tres  es seis.

Abstracto que tres por tres es nueve.
Las edades no quieren decir que una cosa se dará y que luego la otra. Nada en el desarrollo es así: las etapas se sobrelapan entre sí. También debo decir que no todos los cerebros maduran igual y que  un niño puede entrar en la etapa abstracta tan temprano como a los ocho años. Es por esta razón que se inició hace muchos años la enseñanza de las tablas de multiplicar en tercer grado.

De esta forma, un niño de seis años puede tener dificultad para entender un concepto tan abstracto como la multiplicación.  Y estoy segura de que aquí habrá más de un lector asintiendo, porque sabemos que a los niños les cuesta mucho aprenderse las tablas. Pero si leyó bien los párrafos de atrás, comprenderá que la manera más rápida de acceder a este aprendizaje es ayudar a los niños a comprender el concepto de que 3 x 3 = 9. Es decir, sumar el número tres, tres veces.

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Estoy obligada a decir que la edad “adelantada” para aprender a multiplicar es ocho años. Que la hayamos requete adelantado es otra cosa. Fracciones es a los nueve años, adelantado también, y seguimos. Es totalmente contraproducente introducir los conceptos de fracciones a edades tiernas, como en preescolar o primer grado. Los niños aún no están en la etapa de operaciones abstractas. Por esta razón tendrán fallas en aritmética, trigonometría, cálculo, álgebra.

Hay que comprender que se pasa de un entender rudimentario y concreto de lo que le rodea (aprendizaje causa–efecto), a empezar a poder razonar de forma lógica; de esto se trata. Por supuesto que entre más abstracto el pensamiento, mayor será la capacidad de la persona de poder pensar en la resolución de problemas. El proceso ordenado sería de un pensamiento muy blanco y negro, a algo más lógico, flexible y organizado.

Llevo este mensaje a cada colegio donde voy. A cada padre con quien converso. A cada docente. A mis colegas. Todo el mundo me mira perplejo. Todos sabemos que es así, pero seguimos en la ruta equivocada. Algunos directores de colegio me preguntan si lo que yo digo es cierto, porque hay libros (hechos por profesionales) que enseñan que los niños sí están listos para aprender. Es decir, afirman  que en segundo grado, o en primero, o en kínder (quiero llorar) se pueden dar conceptos de fracciones; los libros lo dicen.

Pero no porque mucha gente diga algo, ese algo va a estar bien.

Una manzana puede ser partida en dos. A los cuatro años puedo entender esto perfectamente. Pero comprender que esa mitad representa 1/2… ¿usted qué opina?