Algunos lo hacen por logística, porque no encontraban un trabajo adecuado; otros porque estaban hartos de su profesión, varios porque son súper modernos o porque querían ahorrarse el dinero de la nana, y otros cuantos le quisieron dar la oportunidad a sus esposas para que desarrollaran tranquilamente y sin preocupaciones sus carreras profesionales, dándoles la seguridad a ellas -y claro, a ellos mismos- de que sus hijos serían cuidados por la otra mejor opción del mundo: el papá que se queda en casa.

Levantarse, hacer desayunos, llevar a todos a la escuela, ir al mercado y pagar las cuentas con el bebé en brazos, hacer tareas, planear el menú, lavar ropa, recoger 50 mil legos del piso diez veces al día. Una rutina que han enfrentado la mayoría de las mamás, pero que, en la última década, muchos papás han asumido.

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Antoine Perret disfrutando su rol de papá.

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Según la antropóloga Katerina Herrera, “la realidad económica de nuestros países nos obliga a poner a trabajar hasta al perro. Pero las nuevas tendencias de crianza, y sobre todo, los cambios en el rol de las mujeres también están abriéndole paso a paternidades más responsables, más presentes y definitivamente más felices. La mayoría de estos papás en casa tienen muchísima más cercanía emocional con sus hijos e incidencia en sus vidas de la que vivieron con sus propios papás”, asegura.

Federico Ledezma, diseñador gráfico panameño, papá de Diego y Julián (7 y 5 años), tiene que recordarles a las mamás del grupo de Whatsapp de la escuela que también hay un papá dispuesto a cargar cajetas y a llevarlas por toda la ciudad a buscar los adornos y comida de las fiestas de cumpleaños.

Tanto él como Xavi Marcos (periodista español, papá de Pol, 4 años), y Antoine Perret (investigador franco-suizo, dos niños de 2 años y 4 meses), el día a día incluye paseos de curso, asociaciones de padres, cafés con amigos y bebés, ser el alma de la fiesta en los Mommy & Me, dejarse hacer manicure de colores y compartir la hora del té con la pandilla de peluches.

 

Papá hombros de acero

“Yo me quedé en la casa por algo práctico: dejé mi trabajo y me dediqué a proyectos personales. Mi mujer estaba ascendiendo en su carrera, ella tenía más posibilidades de proyección, y al mismo tiempo, la guardería costaba mucho. Además, yo tenía claro que es mejor que los niños estén más tiempo con sus padres”.

Era el momento para hacerlo y a Federico no le molestaba. Quedarse con sus hijos y poder estar pendiente de cada momento es una bendición para esta familia, porque entienden que no es fácil para cualquiera. Más bien, ellos como familia hacen un gran esfuerzo económico y se aprietan el cinturón, pero “vale la inversión, definitivamente”, asegura este papá panameño.

“Los hijos son un peso grande, pero la casa es muy demandante. Fregar, cocinar. Tengo ayuda algunos días por semana, pero la cantidad de platos y las veces que tengo que limpiar el servicio (la cruz de los padres de varones) me cansa. Mucho”, exclama.

Cuando decidí ser papá en casa, Julián tenía menos de un año. Tenía que ir con él a todos lados. Muchas veces llegaba a casa de recoger a Diego de la escuela y tenía que subir cuatro pisos a pie con las mochilas, el súper, la sandía, la piña y ambos niños dormidos, uno en cada hombro”, recuerda.

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Federico Ledezma junto a sus pequeños Diego y Julián.

Si bien la gente de su trabajo encontraron “un poco rara, loca y definitivamente absurda” la decisión de quedarse en casa, “al mismo tiempo les parecía chévere”. Su círculo cercano siempre lo apoyó. “Lo difícil realmente es la lucha con uno mismo. Por más que yo tenga mi mente bien abierta, es muy difícil no ser el proveedor de la familia. Tenemos grabado que es el hombre quien trae el sustento y eso es machismo, pero es difícil sacárselo del ADN”, confiesa mientras friega platos y cocina un rico almuerzo.

 

El ‘dream team’

Para Xavi, encargarse 100% de su hijo Pol fue una decisión fácil porque no estaba trabajando en oficina y quedarse en casa le permitía cierta flexibilidad para dedicarse a sus proyectos. Durante los primeros años de vida de Pol, Xavi y su mujer estuvieron mucho con él y fue una época de mucho apego para el niño.

Pero al mudarse a Panamá, Xavi terminó asumiendo completamente las responsabilidades domésticas, escolares y generales de la crianza, mientras su esposa ocupa un puesto importante en una organización internacional y mantiene económicamente la casa.

Xavi realmente disfruta de su rol de papá en casa, pero “a veces, cuando me preguntan qué hago, me descubro adornando un poco mi vida, porque parece que si estás en casa no haces nada. Y eso es algo que han vivido las mujeres amas de casa toda la vida: que el resto presuma que no hacen nada y tienen tiempo para todo”.

“El día a día de una familia exige mucho tiempo, y mucho de ti. Yo tengo completamente asumido ese rol, me encanta. Pero esta sociedad todavía no acepta que un hombre se quede en casa e inconscientemente no puedes evitar temerle a los juicios en contra”, confiesa valientemente este papá excepcional.

 

‘Poder seguir haciéndolo’

Antoine estuvo a cargo de su primer hijo y su casa por varios meses. Su esposa tenía un trabajo fijo a tiempo completo y él un trabajo mucho más flexible a tiempo parcial. También confiesa que “no estaba nada listo para mandar a mi niño a una guardería a las siete semanas” (el tiempo de licencia que tuvo su esposa). Antoine hubiera querido seguir dedicándose a la crianza de sus pequeños. Para él fue un tiempo muy feliz y no tuvo ningún problema. “Crecí con una educación feminista y para mí ese ego es de un siglo diferente. Estoy muy contento de ser un papá que pasa tiempo con sus niños”.

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Xavi Marcos se toma un selfi con su hijo Pol.

Antoine lamenta no haber podido dedicarle ese tiempo a su segundo hijo. Por temas económicos tuvo que regresar a trabajar tiempo completo y para él fue frustrante.
Su rutina diaria no distaba mucho de la de cualquier mamá en casa: Dar de comer, poner a dormir.

Arreglar y limpiar la casa, cocinar, “y tres veces a la semana llevar al bebé con mi esposa para que ella lo pudiera amamantar”. El tema de la leche materna fue lo que más le costó de toda su experiencia como papá en casa. Había sobre producción y él tenía que encargarse de almacenar lo necesario y donar el resto. Aun así valora muchísimo lo aprendido: “Mi amor incondicional por mi bebé y los valores de una familia que se apoya fue una experiencia única de la cual estoy muy orgulloso”, afirma.

 

Papito papurri

Nada más sexi que un papá con su bebé haciendo algo que hasta ahora ha sido mayoritariamente asignado a las mamás: parque, lavandería, supermercado, clase de lo que sea. Sin ir más allá, la antropóloga Katerina Herrera asegura que la mayoría de las veces, “las parejas de los padres cuidadores desarrollan una relación más profunda, más de compinches con ellos. Los admiran y los respetan mucho más”.

Por otro lado, “las familias cuyos papás son los cuidadores se sienten especialmente felices de estar mostrándoles a sus hijos e hijas que también tendrán opciones distintas, no solo para criar a sus propios descendientes, sino también para desarrollarse en lo que sea que ellos deseen”.

Y esto, concluye Herrera, definitivamente es un paso positivo que, en la medida que se masifique y normalice, nos hará mejorar como personas y como sociedad. “Así lo han demostrado otras culturas donde la crianza es responsabilidad compartida y los hombres se involucran 100% en el desarrollo de los niños y en las cosas de la casa”.

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