439cb8a99cafb94105ae696ac5b7a870 - Mundo relacional

Nuestros progenitores, hijos y amigos, así como con quien nos sirve el café y todos los que directa o indirectamente se relacionan con nosotros, forman parte de nuestro mundo relacional.

Este mundo al cual entramos involuntariamente desde el inicio de nuestras vidas, enriquece nuestro diario hacer. Sin embargo, en ocasiones, también puede ser fuente de gran dolor y sufrimiento.

Es importante examinar cómo los problemas de la cotidianidad pueden afectar la vida relacional o interpersonal.

Todos los seres humanos tenemos “situaciones por resolver” (“problemas”): ansiedades, depresión, traumas. Estos temas ocurren en medio del día a día y terminan minando lo que tenemos a nuestro alrededor al no saberlos manejar.

La asistencia psicológica es vital para resolver un trastorno de ansiedad o depresivo. Pero aprender a ver cómo las relaciones nos afectan y cómo influyen en la manera en que reaccionamos  es una tarea que solo se aprende reflexionando.

Mañas, mañas y más mañas. Las dificultades en el mundo relacional provienen de las malas mañas para relacionarnos. Estas pudieron ser aprendidas de cualquiera a nuestro alrededor.

Oficialmente, las dificultades interrelacionales nacen de malas adaptaciones al mundo relacional.

Es decir, se deben a estrategias ineficientes que se usan para resolver y enfrentar las situaciones interpersonales. Un ejemplo es excusarnos culpando a otro de lo que se nos está acusando.

Miremos este escenario: Marta le comenta a Julia que ella se ha vuelto fría y distante. Julia le responde atacándola, excusándose de que ha sido Silvia (otra persona), quien ha estado tratando de controlar la situación.

Si  cuando se te confronta la primera reacción es atacar, estás usando una mala estrategia adaptativa que, por supuesto, no lleva a la resolución del conflicto interpersonal.

Tal vez no atacamos, sino que nos retiramos (un rápido escape de la situación). Aquellos que van en retirada son los que ignoran el reclamo, cambian el tema, son los que se marchan de la habitación; en otras palabras, escapan del asunto sin tratarlo. El conflicto queda sin resolver. También están quienes resuelven sus conflictos con el chantaje.

5d90852b36302bf6d151b8e42067e371 - Mundo relacional

Estas son conductas que, con pesar, he visto en más de un padre para con sus hijos.

Vamos, señores padres. A pensar, a examinar cada escenario. Nadie los está culpando, pero es necesario analizar y mejorar. Sé de madres que aseguran que se pueden “morir” si los hijos las “abandonan” (es decir, se van de casa para hacer su vida). Son personas que inutilizan a los hijos (adultos) haciéndoles pensar que sin ellos, ellas no serían nada. Terrible forma de obligar a un ser humano a permanecer junto a otro.

La ganadora, la maña favorita, es la culpa, cuando se hace sentir culpable al otro. Sencillamente es devolver la pelota y no hacerse responsable ni querer poner atención a lo que el otro dice.

¿Cómo reparar? Afortunadamente, se puede hacer un alto y observar nuestras conductas. Todo puede tener solución. Es importante determinar dónde se han adquirido estas malas mañas o formas ineficientes de abordar los conflictos
interpersonales.

Recuerde que estos son comportamientos aprendidos y que, de la misma forma, pueden ser desaprendidos.

¿Cómo los adquirimos? A veces nuestros padres actuaban así; otras veces lo hacen nuestros maestros o algún adulto significativo. Tal vez usted utilizó una de estas mañas y en su momento lo sacó de algún atolladero interpersonal y la siguió utilizando.

El problema es que, como la mayoría de las conductas mal adaptadas (como gritar), estos mecanismos funcionan a corto plazo tal vez un par de veces, pero a la larga se convierten en patrones fijos  que no son la forma más óptima de resolver nada.

Una vez que hemos evaluado exhaustivamente lo que hacemos, podemos descubrir de dónde y por qué tenemos estas conductas y cómo fijaron en nuestra vida.

Los seres humanos reaccionamos al mundo basados en unos esquemas que se desarrollan e instauran durante toda la vida. Basados en estos esquemas formamos nuestras percepciones, valores y reacciones ante las situaciones.

Los esquemas se forman desde la infancia como resultado de experiencias funcionales. Si estas han sido traumáticas o disfuncionales, se crean patrones mal adaptados. Por ejemplo, si nos repiten que “somos malos”, desarrollaremos estrategias que ayuden a evitar el dolor (como  mentir, engañar, etc.).

Estos esquemas mal adaptados formados en la infancia tienden a dispararse muchas veces en la edad adulta, especialmente cada vez que la persona se encuentra frente a eventos interpersonales estresantes.

c3ffc5aa6d21eeb3762787080593c7f3 - Mundo relacional

 

LAS EXCUSAS PERSONALES
Descubra los esquemas
Los esquemas pueden ser incondicionales (verdades absolutas del ambiente), perecederos (no cambian), estables (aunque usted no lo crea) y cargados de  mucha emotividad. No es fácil cambiarlos, por lo que es mejor siempre hacerlo de la mano de un profesional con experiencia. Piense y reflexione sobre sus respuestas a situaciones de estrés.