5736d082f5f5ff51ff80e01e84b8b56f - ¿Madurar a los 20 años?

Si realizásemos una encuesta entre padres de hijos que no dan problemas, que son responsables y educados, posiblemente una similitud general sea que los padres les dieron a esos hijos tareas y trabajos desde muy temprano, a sabiendas de que les educaban para ser responsables, pero a la vez –de manera inconsciente-, para ayudar a sus cerebros a madurar.

También creo que si hiciésemos otra encuesta entre adultos que nos hemos forjado con esfuerzo propio, encontraríamos la constante de que hemos triunfado y alcanzado metas porque aprendimos a resolver las situaciones del día a día, no necesariamente porque no había nadie que nos las resolviera, sino porque debíamos hacerlo; era nuestra responsabilidad.

Como seres humanos capaces, nuestros padres sabían y confiaban en que lo podíamos lograr. La constante hoy día, tristemente, es que los chicos a los 25 años aún son bastante inmaduros.
Por supuesto, esta situación tiene muchas aristas. Sin embargo, una constante importante que encuentro en los adultos de hoy es el manejo de la culpa y el miedo.

No sé. Aquí trato de adivinar, de exponer razones. ¿Será por la ausencia de los padres en casa? ¿Porque no hay tiempo? ¿Porque las mamás nos fuimos a trabajar?
De alguna manera siento que toda esta modernidad contribuye a que los padres, cargados de culpas y remordimientos, hayamos disminuido, por no decir aniquilado, la capacidad de los hijos  de aprender a defenderse, de pensar por sí mismos y aceptar sus equívocos.

Desarrollo a los 20. Dicen los textos, las investigaciones del desarrollo y la neurociencia que el cerebro se termina de mielinizar a los 20 años. La mielinización es un proceso biológico a través del cual se prepara la neurona para hacer la sinapsis. Es decir, solo la neurona mielinizada puede ser capaz de transmitir información.
Esto quiere decir que los circuitos neurológicos pueden estar terminando de consolidarse después de esa edad, a los 20 años, y allí estarían comprendidas lo que conocemos como las funciones de más alto nivel.

Basada en mi experiencia clínica laboral reconozco que hoy los chicos reciben más de los adultos, por tanto, el cerebro tiene una necesidad menor de desarrollarse.

Justamente me hablaba una madre diciéndome que en el colegio a su hijo le habían mandado a hacer un trabajo acerca de los miembros del Gabinete. La tarea había sido asignada con más de una semana de anticipación, pero el chico la olvidó y ella se enteró por el chat del salón. Preguntó a su hijo y era quien  menos sabía sobre la tarea. Preocupada y apresurada, se dispuso a averiguar cómo era la tarea para “ayudar” a su hijo a hacerla. Sospecho que la participación final fue así: 10% hijo, 90% madre.
Al día siguiente el chico llevó la tarea hecha por su madre. El estudiante no aprendió nada.

Ante esta situación, el cerebro no tiene apuro en desarrollar habilidades y estrategias de vida, porque ya todas se las están facilitando.

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Hacer todo está mal. Darles tareas a los chicos está bien. Dejarlos hacer la tarea por sí mismos está bien. Que levanten su plato, que hagan la lista del súper, que ordenen sus camas, que sepan que hay que ahorrar luz y agua está muy bien.
Por ello, ni en cien años entenderé qué nos pasa, por qué hoy se piensa que se tienen hijos extrafrágiles. Sé que tiene que ver con nosotros los adultos, pero seamos realistas, el mundo no es tan malo. ¿O sí?

Los padres deberían centrarse más en enseñar a sus hijos competencias de vida, no académicas, para eso está el colegio.
Me parece que con esta confusión, nadie al final acaba haciendo lo que debe hacer.

En términos de mi profesión y de la de los profesionales de la psicopedagogía y educación, se reconoce como “deficiencias cognitivas”. Encuentro que un gran número de niños y adolescentes hoy  tiene esta deficiencia no por biología, sino porque el cerebro no está entrenado para pensar.

Cuando les resolvemos todo a los hijos, mermamos la capacidad de sus cerebros de utilizar el aprendizaje previo, de modo que puedan organizar, almacenar y reusar la nueva información con que el mundo los bombardea cada segundo.
En mi experiencia, estos niños reaccionan con impulsividad o son inamovibles al mundo que se mueve alrededor de ellos. Me parece increíble cómo fallamos en la capacidad de educarles, desde muy tempranas edades, para que adquieran las herramientas por una vía intelectual de resolución de conflictos.

No voy a pensar por ustedes. Aquí les dejo un buen tema de reflexión.

APRENDER EN CASA
Herramientas para defenderse
La educación que se recibe en casa es sumamente importante. Los padres no deben tomar estos temas a la ligera. Al final todos vamos a saber leer, sumar, pero aprender a ser personas de valor y calidad, eso solo lo aprenderemos en casa.
En ese sentido, he de decir que este aprendizaje de parte de los padres es de sumo valor.
Le explico: al usted resolver los obstáculos de su hijo le merma a él la capacidad de beneficiarse de la experiencia que da enfrentarse a los retos cada día, algo tan sencillo como buscar algo en el diccionario.
De esta falta de experiencia conocemos a seres humanos que presentan una incapacidad o retraso para lograr resolver las situaciones del día a día.