Los niños hacen pataletas para obtener la atención de sus padres o para que cedan ante sus deseos

Creo que a todos nos ha tocado presenciar a un par de padres con un hijo demandante. Estos niños, denominados comúnmente como tercos, decididos, dominantes, resistentes, son un reto para los adultos alrededor.

Los padres con quienes me ha tocado trabajar sienten un cierto estigma porque los culpan de “mala crianza” y sobreconsentimiento, lo que según la gente común es la causa de la conducta de estos niños.

Todo aquel que no tenga un hijo demandante no sabe que este  posee la habilidad de sacar las peores conductas de sus padres.

Recordemos que ningún padre a propósito hace cosas en detrimento de la salud emocional de sus hijos.

Lo cierto es que estos niños llevan rápido a estos padres a su punto tope de tolerancia de alguna conducta, y es entonces cuando actúan casi desesperados. Acaban gritando y reaccionando con sus hijos, algo que prometieron nunca hacer.

Lo que quiero frente a lo que necesito. Los libros de parentalidad tradicional sostienen que para ayudar a un niño demandante hay que prestar mucha atención a la diferencia entre lo que el niño quiere y lo que necesita.

Un estudio de la Universidad de Michigan sostiene que los padres confunden las necesidades de los hijos con los deseos. Este documento explícitamente sugiere que los niños hacen pataletas para obtener la atención de sus padres o para que cedan ante sus deseos.

La mayoría de los libros de parentalidad aconseja dejar a los niños hacer la pataleta (e ignorarla), y, por sobre todo, no ceder ante la demanda del niño.

La literatura va mucho más allá: el control de los límites debe ser estricto y se debe establecer un método de “libertades y privilegios”, y los padres parecen estar de acuerdo en este punto.

Lo más importante: existe un consenso en que los niños tienen demandas porque desean la atención de sus padres. Pero si esto es así, ¿no sería lógico pensar que a falta de atención, los niños buscarán nuevas formas de llamar la atención?

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Esto nos trae al punto de lo difícil que es dar consejos en psicología porque cada cabeza es un mundo y todo no aplica a todos.

Los consejos en psicología no pueden ser de “una talla única que le queda a todo el mundo”. Al contrario, son trajes hechos a la medida de cada persona.

En este sentido, como siempre les digo, es importante ver el porqué de la conducta de una persona. Allí encontraremos las respuestas, y quién quita, las soluciones.

Regresando al punto de “¿lo quiere o lo necesita?”: en la vorágine comercial en la que vivimos hoy esta es realmente una difícil pregunta. Creo que necesitamos un octavo de las cosas que queremos. Habría que reevaluar muchos detalles antes de decidir realmente qué hacer ante la demanda del hijo, presumiendo que sea económica.

Entonces, ¿qué hago? Debo dejar establecida una realidad: un niño seguro, amado, validado y aprobado nunca será un niño demandante.

Eso nos deja entonces con la visión real de la necesidad detrás del niño desobediente y negativo. Sopeso  el consejo que dimos al inicio, recomendado por expertos, de “ignorar” la conducta del niño.

Basados en el punto anterior, “ignorar su conducta” lo deja con un sentimiento de soledad, ira y miedo. Ciertamente, muchas veces no saben qué hacer con todas esas emociones, así que se torna en algo muy sobrecogedor.

Además está el tema de ¿cómo? y ¿dónde? ocurren estas conductas. Por supuesto, es importante determinar lo que precede a la conducta para poder trabajarla adecuadamente.

Rubén, de 8 años, hace un berrinche a sus padres porque desea un teléfono inteligente. Estos, disciplina tradicional, son advertidos y aconsejados de “ignorar” la petición de Rubén, quien entonces desplegará un sinnúmero de deliberadas hazañas para obtener lo que desea. Este despliegue afectará no solo su conducta con sus padres, sino que se traslapa a otros ámbitos de la vida y llegará hasta lo académico.

Es posible que los padres pudieran haber acabado el asunto sentándose a conversar con Rubén acerca del porqué no es importante ni necesario para un niño de 8 años poseer un celular.

Aparte de la presión grupal de hoy para tener un celular, probablemente Rubén pueda acabar disfrutando mucho más del tiempo que pase con sus padres bien conversando o caminando una tarde en la cinta costera.

Recuerde: un niño demandante es aquel que necesita ser escuchado y comprendido. Es un niño que percibe su mundo como un lugar inseguro, en el cual para sobrevivir necesita tener un control total y absoluto.

Padre y madre, de ser esta su situación, la mejor forma de ayudar a la familia será el establecimiento de una relación donde prime el entendimiento, una escucha auténtica, la comprensión, el reconocimiento y la validación. Estas herramientas ayudarán a cualquier ser humano a abandonar conductas de control y a empezar a confiar en que pude autorregular esas conductas y emociones tan fuertes.

 

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ESCUCHAR Y PONER REGLAS

Poderosa arma familiar
Recuerde que solo son niños, usualmente las demandas son por algo más. Por ello, un gesto de comprensión y entendimiento es una poderosa arma de autoregulación. Tenga en cuenta, especialmente, que estos niños demandantes no realizan  estas conductas con el propósito de atacarle. Sea paciente y dialogue. Sí, estoy de acuerdo en el establecimiento de reglas y consecuencias. Pero debe primar un ambiente de amor y compresión, donde todos se sientan valorados.