A través del espejo

Un truco de magia

texto. Michelle Montenegro 

Febrero 17, 2017
En 'El año del verano que nunca llegó', el colombiano William Ospina rinde tributo al romanticismo como género y crea una narración que sorprende.

El tema es de sobra conocido. Se reúnen en la Villa Diodati, en Suiza, Lord Byron, John Polidori, Percy Bysshe Shelley y su esposa Mary Shelley; y en el transcurso de tres  días de encierro, en el año  1816, se gestan dos personajes imprescindibles de la literatura universal, quizás los más relevantes del romanticismo negro, el vampiro de Polidori y el Frankenstein de Shelley. 

Desde el siglo XIX a la actualidad se han escrito innumerables novelas y relatos basados en el episodio, uno de los puntos álgidos de la literatura gótica europea. Sabiendo que la nueva novela del escritor colombiano William Ospina ronda esa precisa escena, tuve curiosidad de saber cuál sería el ángulo de su historia y cómo lo resolvería para que el resultado final no fuese un relato trasnochado o demasiado europeizante. La solución que le dio fue, por demás, sorprendente. Como si de un truco de magia se tratara.

Partiendo de que el romanticismo, el género y momento de la historia de la literatura al que hace homenaje, defendía la primacía del sentimiento sobre la razón, Ospina construye su relato desde un método que privilegia la intuición, donde lo discursivo es dejado casi completamente de lado. Revive el tópico también romántico de que la realidad se mueve a partir de secretas conexiones que no podemos ver, pero que subyacen bajo las cosas.

Así, el punto de partida del relato señala cómo la erupción de un volcán en Indonesia provocó el fenómeno climático que hizo que en Ginebra, Suiza, y en el resto de la Europa Central,  en vez de verano, hubiera días y noches de tormenta en ese año de 1816, que se conoció como “el año sin verano”. Este hecho que da título al libro obligó a los huéspedes de Diodati a quedarse dentro contando historias. Más que recrear esa anécdota y estacionarse en el momento, el colombiano presenta una arquitectura narrativa fragmentada en la que utiliza su propia voz como escritor para contar  su obsesión por los hechos que acontecieron en ese lugar.

Su búsqueda comienza en Argentina, cuando está investigando sobre Borges. Y no es casualidad; lo borgiano es el eslabón que utiliza para  acercar esa historia extemporánea a su realidad. Ospina escribe también un libro sobre la fabulación en sí, sobre la creación literaria que se transforma  en idea fija en la mente que no se exorciza hasta plasmarla en el papel. Hace gala también, a la manera de Borges, de una rica erudición sobre el período, con datos y citas que va entrelazando como una filigrana que se extiende por entre las páginas del libro, y que mezcla recursos del ensayo, la novela histórica y la autobiografía.

Por otro lado, está la cuestión formal. Y eso para mí es el mayor valor del libro.  Ospina es un gran narrador; prueba de eso es su celebrada trilogía de novelas sobre la conquista de América (Ursúa, El país de la canela y La serpiente sin ojos) de modo que está acostumbrado a las dimensiones épicas. Es también un buen poeta, por lo que su prosa resulta deliciosa.

La manera de narrar denota el de alguien que sabe manejar el lenguaje con gracia e inteligencia, pero también con un dejo de artesanía. Aunque sea solo por los efectos formales, es una bocanada de aire fresco leer algo con una verdadera voluntad de  estilo.  Aunque sea solo por eso, es una lectura que vale la pena para todo el que aspire a ser escritor.

El año del verano que nunca llegó. William Ospina
Editorial: Literatura Random House
Paginas: 304
Dónde encontrarlo: El Hombre de la Mancha