Por la sombrita

‘Mamá, ¿por qué no me llevas?’

texto. Roxana Muñoz

Agosto 11, 2017
Una frase que puede derretir un corazón de hielo.

Lo bueno de los viajes cortos es que no hay que empacar mucho. Lo malo... bueno, todo lo demás es malo: corredera, no hay chance de conocer nada. Mmmj... bueno,  no me voy a quejar. Más vale un viaje corto que ninguno. La mayoría de los panameños tiene país por cárcel —frase que se ha vuelto popular y me parece una burla— y no por delitos, sino porque no tienen recursos para viajar.

Con la idea de que iba a ser muy fácil empacar, pim, pam, pum, empecé a hacer la maleta pocas horas antes de subir al avión. En mi mente tenía la lista: dos pantalones, un traje, pasta de dientes, medicinas para el resfriado o la indigestión... y en eso oigo una voz chiquita: “¿mamá, me dejas jugar con tu cepillito?”.

Allí estaba mi hija de dos años, que es una lorita ¡cómo habla! con mi cepillo de dientes en su manito. Le veo en los ojos que quiere peinar a su muñeca Mayoponi, ella le puso ese nombre, o fregar el piso con ese mismo cepillo que pongo en mi boca.
No mami, le digo. Y ella  baja la mirada, “la nena se pone  tliste“ me dice y cuando la voy a consolar corre con el cepillo y una sonrisa. Al fin acepta devolverlo y entonces pone atención en lo que hago:  ¿Mamá, qué haces?

- Hago mi maleta porque me voy de viaje.

- ¿A dónde te vas?

- Me voy a un viaje de trabajo, hija. ¿Recuerdas que te lo dije? Pero no me demoro. Tú te quedas con papá y abuelita.

Ella se queda callada y se va a su cuarto, al rato regresa con su lonchera y empieza a llenarla de juguetitos y lápices de colores. Entonces soy yo la que le pregunta: “¿qué haces?”

- Mamá,  voy a hacer mi maleta. Voy contigo.

 Pregunten a una mujer  cómo es viajar sola cuando tiene hijos. Una gran amiga, antes muy aventurera,  me dice que desde que es mamá odia volar, siempre piensa que si se cae el avión sus hijos se quedarán sin ella.

Tengo otra amiga a la que  sus hijas le piden irse a dormir en la cama de papá.

Otra  me contó que, hace muchos años, cuando hizo su maestría en otro país, su hijo menor se negaba a atenderle las llamadas. 

Separarse de los niños por un viaje de trabajo no es un crimen, eso lo sabe la razón, pero no el corazón.

Cuando tienes hijos, un pedacito de ti se queda donde ellos están, porque sabes que te están esperando.