Por la sombrita

La señora Adela

texto. Roxana Muñoz

Febrero 17, 2017
Hay gente que está en este mundo para inspirar.


Les invito a buscar en su memoria. Tal vez ni tengan que esforzarse para encontrar a una persona que se hace querer de todos. Yo he conocido muchas; una de ellas trabaja aquí mismo y la veo casi a diario: la señora Adela Mendoza. 

Cuando empecé a trabajar en La Prensa entrevisté a una profesional que al final de nuestra conversación me dijo: “Salúdame a Adela, ella ni sabe quién soy yo, pero todos me confunden con ella, casi estoy por decirles que ojalá fuera”.

Allí me asomé a la gran fama que tiene Adela, o Adelita. Entonces era la jefa de publicidad del periódico. Hoy, está jubilada, pero tiene tantos talentos que todavía son un pilar del periódico. Si la ven en acción descubrirán algunos talentos de un gran vendedor: alguien que conoce a su cliente y se preocupa por lo que necesita. Adela sabe cómo van los negocios de esas personas, pero también sabe de sus quinceaños, cirugías y bodas. Muestra interés genuino en todos esos asuntos. 

Llegar en su compañía a un lugar siempre es de buena suerte; todo el mundo tiene que ver con ella, y si es un restaurante ni les digo, probablemente se asome el dueño ofreciendo un manjar que tenía escondido esperando por un invitado especial; esa es ella, por supuesto. Eso pasa en cualquier lugar, por ejemplo, en la fonda Donde Iván en Río Abajo.

Le encanta ir los sábados al Mercado del Marisco, donde los vendedores le dicen cosas como: “Adela, espérate un momentito, aquí tengo guardado un pargo especial para ti”. Sonrío al escuchar sus historias. Ya quisiera que me tocaran dependientes tan amables.

Pero un día entendí que no es que la gente sea amable con Adela, es que ella es gentil y respetuosa con todos y la gente le paga con la misma moneda. Sé que le lleva flores y dulces a estas señoras que la tratan tan bien en el mercado. 

Por si fuera poco, ella es sinónimo de elegancia (soné a comercial de tienda de ropa), pero así es. A veces cuando le piropeo la blusa o un collar me dice con picardía: “lo encontré en oferta”. 

Sé que no faltará por allí quien diga: “Yo conocí a esa tal Adela y no me cayó tan bien”. Puede ser, pero eso me recuerda que en tantos años que tengo de conocerla he comprobado que ella no es de hablar mal de las personas. Ver lo mejor de la gente y de cada situación es una de sus cualidades que más admiro.