Por la sombrita

En lo que tienen que estar no están

texto. Roxana Muñoz 

Marzo 17, 2017
Las abuelas tienen frases que siempre nos repiten y tienen razón.

Hace unas semanas los espectadores de los premios Óscar estábamos a punto de quedarnos dormidos, ya era casi medianoche, cuando de repente pasó lo impensable: se equivocaron en los sobres y los presentadores le dieron el premio a la película que no era: La La Land. No me burlo, así se llama la película.

Fue un error del tamaño del río Chucunaque porque los no ganadores, que además eran los favoritos, dieron su discurso, soltaron lagrimitas, agradecieron a sus esposas, a sus maestras, a sus mascotas antes de que alguien llegara a decirles: mmm, un momentito, qué pena pero aquí hay un error, devuelvan ese Óscar

Era como otra película: gente asombrada y avergonzada. Los perdedores tristes. Los ganadores brincando. ¡Yes, yes! 
Los que estábamos viendo lo ocurrido ya espabilados, no lo podíamos creer. En mi caso, me sentí como en un reinado de la pesada de nance. Nada más faltaba que alguien gritara: ¡trampa! 

Cuando se acabó la gala todos pensamos a cualquiera se le muere un tío, ni los encopetados de la Academia se salvan.
Luego supimos que el tío se le había muerto a la firma Price Waterhouse Coopers. A quienes no les pagan poco por sus oficios de resguardar los resultados y evitar pasar semejante pena. 

Pero resulta que más que un error humano, de esos que uno dice ‘bueno, de todos modos iba a pasar’, la cosa sí se pudo evitar. 

La persona que debía estar a cargo esa noche estaba muy activa y ocupada, pero en sus redes sociales. Tomó muchas fotos de artistas

Las abuelas tienen frases que siempre nos repiten y escuchamos con gesto de hartazgo, pero muchas veces tienen razón. Una de esas frases es: en lo que tienen que estar no están.

El señor que cometió el error no era un  inexperto, era alguien que llevaba años haciendo eso, pero se confió y olvidó cuál era su papel esa noche.
Esa premiación nos dio una gran lección: por mucho que sepamos nuestro trabajo y tengamos años haciéndolo, no hay que bajar la guardia.