Entre Nos

Ehud Abrahamson, el hombre que cura la adicción al tabaco

texto. José Espinosa Bilgray   foto. Oliver Meixner

Agosto 11, 2017
Con 35 años de experiencia, es pionero en el desarrollo de tratamientos alternativos para la cura del tabaquismo.

¿Cómo empieza su interés en tratar a pacientes con adicción al tabaco?

Empecé a ayudar gente cuando tenía 19 años. Era un paramédico en la Armada israelí y trataba a los pacientes por cualquier tipo de cosas, pero cuando llegaban a mi clínica no les permitía fumar. Mi padre es doctor y desde que yo era muy joven me decía que fumar es muy malo. En ese entonces todos fumaban, ¡hasta los doctores! Las compañías tabaqueras hacían grandes esfuerzos para que no se conocieran los peligros del cigarrillo. Mi padre me decía que fumar es malo y el que fumaba por mucho tiempo tendría una serie de graves problemas de salud. Yo le decía a mis pacientes lo mismo. Muchos de los soldados dejaban de fumar después de tres o cuatro días de escucharme hablar. Esos soldados fumaban tal vez unos cinco o seis cigarrillos al día.

Después de eso, empecé a recibir llamadas de personas que querían que los ayudara. Los soldados les contaban a sus amigos, esos amigos a otros amigos y así se fue regando la voz. Un día salió un artículo en un periódico diciendo, casi como un chiste, que si querías dejar de fumar tenías que venir donde mí. En ese momento ya había salido de la Armada y estaba estudiando psicología en una universidad en Tel Aviv. Además estudiaba biología, anatomía y medicina alternativa. Había cosas que se podían hacer con la medicina tradicional de la India, usando los chakras para acelerar el proceso de limpieza en el cuerpo. Fui a estudiar bioenergía, el estudio del aura, porque quería aprender a ayudar mejor a las personas.

¿Qué es el aura?

Es el campo electromagnético que rodea tu cuerpo. Así como un teléfono celular tiene un campo electromagnético que lo rodea, nosotros también. En ese campo de energía se concentran tus memorias, tus deseos, tus miedos, tus esperanzas y todos los años de daño acumulado por el consumo de tabaco. Trabajo adentro del aura, la limpio y después le doy balance y la recargo con bioenergía curadora. Usualmente cuando termina la sesión, el paciente sale sintiendo que ya no necesita fumar. Muchos dicen que se sienten como si nunca hubiesen fumado, otros dicen que es como si les hubiesen reformateado el disco duro. Una de las características principales del tratamiento es que reduce tus ansias físicas y psicológicas de fumar.

¿En qué consiste el tratamiento?

El tratamiento dura aproximadamente una hora y media, de la cual la primera hora es una conversación con el paciente para entender la raíz de su adicción, qué causó esa necesidad de fumar, a qué le teme, dónde y cuándo fuma más. Hablamos de las causas, los síntomas y las creencias que los pacientes han desarrollado sobre el tabaquismo a lo largo de los años por la influencia de las compañías tabaqueras y la sociedad. Entonces pasamos al tratamiento, donde el paciente se sienta  y uso cristales con frecuencias electromagnéticas que ayudan a que  se relaje. Cuando vienen, los pacientes están usualmente muy ansiosos y nerviosos y eso obstaculiza el tratamiento. El paciente toma los cristales, los sostiene con las manos, se sienta cómodamente y me toma unos 15 minutos evaluar los meridianos y chakras en el cuerpo, limpiar el aura.

¿En qué se diferencia el método Abrahamson de los tratamientos convencionales?

En mi tratamiento no hay medicamentos. No hay pastillas, no hay inyecciones, no hay parches, no hay chicle, nada. El mes pasado tratamos al paciente número 100 mil. Otra diferencia es que mi método puede ser aprendido. Hasta la fecha le he enseñado mi método a unas 20 personas que trabajan en clínicas alrededor del mundo. Están en Estambul, Ankara, en Israel hay nueve clínicas, en Inglaterra y ahora en Panamá.

¿Cómo ha reaccionado la comunidad médica ante su tratamiento poco convencional?

Hay muchos médicos que nos mandan a sus pacientes para que los tratemos y les curemos su adicción al tabaco. Si un buen cirujano plástico, por ejemplo, tiene que operarte y tú fumas, él te va a decir que no te operará. Los tejidos no sanan bien, ya que los químicos del cigarrillo le quitan oxígeno a la piel y esta no cicatriza correctamente. Los doctores nos mandan a sus pacientes, ellos dejan de fumar y después los operan. ¿Por qué te harían un trasplante de corazón si vas a fumar y morir igual? La comunidad médica está cada vez más consciente de los resultados. No le interesa el método o cómo los curas, lo que ve son los resultados positivos.