El Blog

Mi mamá, la 'fashionista'

texto. Anahil Trómpiz Torres

Mayo 12, 2017
Esto es un recuerdo de hace años. Ya jubilada y con nietos, mi mamá sigue manteniendo su buen gusto al vestir.

Es el show de cada mañana, "¿qué me pongo?". Es divertido vestirse, jugar a combinar la ropa, pero cuando se tiene poco tiempo para estar lista (y no tantas opciones como uno sueña), la experiencia no se vuelve tan satisfactoria.

Ahora que vivo sin mi mamá, extraño entrar a su cuarto (abrazarla y compartir más con ella, por supuesto), pero también extraño su clóset. Bien ordenado, camisas con camisas, blusas con blusas, y otro espacio para los pantalones. Sus zapatos en cada caja. Ese clóset, más grande que el mío, estaba lleno de atuendos para elegir. Unos muy señoriales, pero la mayoría apropiados para ser tomados prestados por una jovencita de 20 que estaba comenzando su vida laboral.

Mi mamá tenía casi mi edad de trabajar en una empresa, de la que 10 años más tarde se jubilaría. Muy correcta e impecable, sus ajuares siempre recibían un halago.

Había llegado finalmente a la edad de que podía ponerme lo mismo que mi mamá. Soy la hermana mayor, así que en casa no tenía a alguien a quien quitarle la ropa. Hasta que crecí. Somos casi del mismo tamaño y calzamos lo mismo. Sus blusas, aunque una talla más grande que la mía, me quedaban.

Cuando no sabía qué ponerme, iba a su armario y observaba. Si ella aún no había salido al trabajo y estaba en su cuarto, sabía a lo que yo iba. No recuerdo si me decía algo en ese momento, pero sí me lo decía cuando usaba su ropa, no la lavaba y no la regresaba a su lugar.

Llegaba a mi trabajo con su atuendo y mis compañeras lo notaban. "Qué linda esa blusa", me decían. "Ah, es de mi mamá", me tocó responder. Al tercer elogio ellas sacaron sus conclusiones. "Tu mamá se viste mejor que tú". No lo tomé mal. Es verdad. Mi mamá era (o es) más fashion que yo.

Su ropa era cómoda y de buen gusto, a diferencia de la mía (que en edad universitaria era más deportiva, casual o ajustada). Se aseguraba de comprar blusas de tela suave, frescas y de buena calidad, y las elegía según lo que dictara la moda y lo hacía de forma inteligente. Era precavida en las compras. Adquiría lo justo y necesario y cada año hacía limpieza de lo que ya no se ponía (que otras personas recibían gustosamente por el buen estado en que estaban).

Ahora yo con 30 y ella jubilada y con nietos las cosas... no han cambiado mucho. Aún uso su ropa y sí, me la siguen alabando. Quizás en su clóset ya no tenga tantos atuendos como los tuvo en su época laboral, pero los que tiene, los uso.
Cuando salgo a comprar con ella se convierte en mi fashion stylist. Me sugiere algunas piezas y aquellas que pienso que no me van a gustar me invita a probármelas ¡y me quedan bien! Es que las madres saben.

Verme al espejo y decidirme por una u otra pieza me es difícil, por eso disfruto la opinión acertada de mi mamá. Sabe si lo que me voy a comprar lo seguiré usando o no. Además, tiene un buen ojo para elegir alguna ropa para mí sin que yo esté presente.

Lastimosamente, solo una vez al año podemos compartir esa experiencia, pues vivimos en países diferentes. Los recuerdos se mantienen y florecen cuando alguna fecha en especial me lo recuerda. Como este domingo, el Día de las Madres en el país donde crecí y donde ella actualmente vive. ¡Feliz día mamá!