El Blog

El pequeño emperador

texto. Edubenis Sánchez 

Julio 21, 2017
Mi madre afirmaba que difícilmente enderezabas a un adolescente si de niño no lo corregiste. Y este sin duda ha sido el detonante de este caso.

Vivir en sociedad se ha convertido casi que en un acto de valentía. Lo que nuestros padres y mayores nos inculcaron, nos repitieron y nos exigieron para lograr ser adultos cabales y respetables, en algún momento lo dejamos de replicar y lo guardamos quién sabe donde.

Así la sociedad se va fragmentando cada vez más, y si piensas o te comportas distinto al resto, corres el riesgo de ser ridiculizado, etiquetado y hasta penado por los que se erigen como los defensores de la razón y la justicia.

Traigo esto a colación porque leo en la internet el caso del niño de 11 años que llevó a su madre a juicio por haberle abofeteado. Y al leer esto ya alguien ha pensado: “maltrato y abuso infantil”, “derechos del niño vulnerados”, etc.

Esto fue en España y el asunto va así. Un buen día la mamá le pide al príncipe de la casa que le ayude a poner la mesa, pero este ni siquiera le presta atención porque, adivinen, está con su teléfono móvil de $900 escuchando música, chateando, lo que sea. Y ella le insiste tanto en que le ayude, que el chico, en un arrebato de ira por la intromisión, estrella el celular, por lo que su mami va y le mete un bofetón.

El nene no se lo puede creer. ¿Quién eres tú (o sea, su madre) para pegarme? Y le lleva a juicio. Y cito que “el Ministerio Fiscal... solicitaba una pena de 35 días [para la madre] de trabajos en beneficio de la comunidad, un año y seis meses de privación del derecho a la tenencia y porte de armas, y prohibición de comunicarse con su hijo y de aproximarse a él, y al domicilio donde viviera, durante seis meses y un radio de 50 metros”. 

Me espanto. Para pedir esto la mujer debe ser considerada mínimo una delincuente peligrosa, una maltratadora abusiva con algo de esquizofrénica. Si un abogado exige esta pena es porque se basó en una ley que lo permite.

¿Me captan cuando digo que todo está al revés? Este niño mimado no conoce de deberes, pero le han hecho saber que tiene derechos sobre la madre que le cría, le da de comer, lo mantiene y le compra celulares carísimos.

El chico no se salió con la suya. ¿Saben por qué? Porque aunque el abogado defensor pensó que iba a ganar el caso de su vida, resulta que el juez tiene sentido común, está criado con valores, esos viejos que ya ponemos de lado y no los tomamos en cuenta. Sentenció que el pequeño dio muestras de “una actitud de síndrome de emperador, que únicamente busca humillar y despreciar a su madre”. Y que esta conducta va a ser replicada con sus semejantes.

Mi madre afirmaba que difícilmente enderezabas a un adolescente si de niño no lo corregiste. Y este sin duda ha sido el detonante de este caso. Su progenitora le puso todo en bandeja de plata y ese fue el resultado. Los padres hemos dejado a un lado la disciplina para darle a los hijos todo, para que no crezcan con prejuicios y tengan “todo lo que yo no pude tener”.

Qué difícil criar a un hijo ahora, cuando la misma sociedad se ha encargado de tergiversar sus fundamentos y los padres perdimos el rumbo. La tarea de educar con principios es titánica, y aunque hay mucho en contra, los papás tienen que amar a sus hijos, pero sin dejar de exigirles disciplina. Y la ley no debe ser enemiga ni obstáculo para lograr esta misión.