Café con teclas

Una lección de $3 (o $6)

texto. Sarita Esses

Enero 6, 2017
La filosofía de mi papá le gana a Sócrates.

Hace unos meses tuve una conversación muy profunda con mi papá.

Estábamos terminando de almorzar. Él se estaba tomando un café y yo probablemente estaba merendando un maní, cuando me miró fijamente y me dijo: "Hay dos tipos de personas en el mundo: aquellas que se quedan en el cine aunque la película que estén viendo sea una porquería, y aquellas que se levantan y se van".

Probablemente esta no es la lección que esperaban escuchar, pero así es la sabiduría de mi papá: al grano y poco convencional.

De acuerdo con su punto de vista, hay quienes se obligan a quedarse sentados en sus butacas del cine por el simple hecho de que pagaron $3, y van a exprimirle hasta el último centavo a su inversión, aunque sea una tortura. Otras valoran más su salud mental y su tiempo, y prefieren irse.

Cierto, hace tanto tiempo que mi papá no va al cine que no se ha enterado que las entradas rondan los $6, pero el bottom line es el mismo.

“No es bueno ni malo, pero te muestra el carácter de cada persona y su forma de enfocar las cosas”, prosiguió.

No le quise decir esto, pero me acordé de mí, cuando estoy leyendo un libro que es más efectivo que una lexotan para dormir, y sin embargo me obligo a avanzar en su lectura por el simple hecho de que compré el mentado libro. Si fuera prestado de seguro lo hubiera devuelto ante el primer bostezo...

Ni hablar del perfume que me sigo echando, aunque no me encante, esperando que se acabe pronto.

“Es como si pides un plato de comida y sabe mal”, elaboró. “¿Acaso te lo vas a comer todo solo porque lo pagaste?”. A decir verdad, a menos que me esté literalmente muriendo de hambre, y mi vida dependa de eso, seguro que no.

Así que, bueno, la conclusión no es ser desprendido ni manisuelta con el dinero. Oh, no. En lo absoluto. Otro día les comparto sus ideas en cuanto a eso. En este caso se trata más de aprovechar el ahora, poner prioridad en las cosas más importantes, reponerte a una mala decisión, no estancarte en ella, y echar pa’ lante, sin importar que pierdas $3 (o $6) en el proceso.