Café con teclas

Todo regresa

texto. Sarita Esses

Mayo 19, 2017
Lo bueno, lo malo, lo bonito, lo feo y todo lo que está en el medio.

¿Saben una cosa? Hay días que estoy triste, hay otros en que me preocupo o me enojo por algo, desde un poquito hasta un montón. Pero da igual. Sin importar qué tal estuvo mi día, cómo va el mes o la semana, cuando llega la noche y aterrizo mi cabeza en la almohada, duermo profundo y delicioso.

¿Les digo por qué? Por un lado, porque duermo con mi conciencia tranquila, y por el otro, porque me consta que en la vida todo funciona como un búmeran. Lo que uno tira al mundo es lo que luego recibe de vuelta. Lo que uno cultiva es lo que uno cosecha. Y si haces cosas buenas, entonces no tienes nada de qué preocuparte. Así de fácil.

Tal vez no lo vemos ahora, ni en tres días ni en una semana. A veces toma años, pero al final todo te regresa, por lo usual, multiplicado.

Tengo muchos ejemplos de esto, pero como ahorita no recuerdo ninguno propio, tomo una historia prestada.

Hace unos meses estaba almorzando con mis amigas y una contó algo que me dejó impresionada. Un compañero de su hijo adolescente tuvo una emergencia médica en el salón de clases. El hijo de mi amiga era el que estaba más cerca y fue el primero en brindarle ayuda durante este angustioso episodio.

La parte que me impactó del relato fue cuando mi amiga nos dijo: “Es increíble, pero cuando yo estaba encinta de este hijo, tenía que inyectarme a diario. Y el que me hizo el favor durante los primeros meses de venir a mi casa todos los días a ponerme las inyecciones fue el papá de este niño”.

Habían pasado 16 años, pero la vida encontró la manera de retribuirle a este señor la buena acción que hizo: el hijo de la mujer a quien había ayudado  ue el que socorrió al suyo años después.

Así que nunca lamenten ni se arrepientan de haber hecho algo bueno, aunque no les hayan dado ni siquiera las gracias.

Del mismo modo, si les han hecho algo malo, queden tranquilos también. La vida tiene una forma chistosa de poner a cada quien en su sitio: cada rey en su trono y cada payaso en su circo.